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Corre bien la carrera y Los últimos serán los primeros
Ron DeBoer
7/14/2012

Con los Juegos Olímpicos a punto de comenzar en solo dos semanas, los atletas de todo el globo están por llegar a Londres, Inglaterra, para competir en proezas de resistencia con el fin decidir cuál es el mejor en una multitud de categorías. Usted va a escuchar la palabra «oro» muchas veces en el mes que viene; esa medalla elusiva que requiere el esfuerzo supremo de los corredores, saltadores y nadadores de todos los puntos del compás. Usted va a escuchar las palabras «resistencia» y «perseverancia», y frases como «superó los pronósticos» y «espíritu olímpico».

Inspiración. Esperanza. Triunfo. Espíritu deportivo.

Me encantan las Olimpiadas. El recuerdo más antiguo que tengo de ellas es de 1976, en Montreal. Recuerdo la fiera competencia de salto alto entre el canadiense Dwight Stones y el estadounidense Greg Joy, y la puntuación perfecta «10» de la gimnasta rusa Nadia Comaneci. Mis hermanos y yo colocamos un foso de salto alto en el jardín de atrás y saltamos como Joy y Stones por horas.

¿Quién podría olvidar al jamaiquino Usain Bolt correr los 100 metros en un tiempo récord mundial en 2008, o a la gimnasta estadounidense Kerrie Strug, ganadora de la medalla de oro en 1996, con un grave esguince en el tobillo?  También a Derek Redmon, que a menudo se le menciona como sujeto de uno de los momentos olímpicos más inspiradores. En las Olimpíadas de Barcelona en 1992, Redmond esperaba ganar la medalla de oro para Gran Bretaña. No fue así. Faltándole 175 metros para llegar en la semifinal de la carrera de los 400 metros se lesionó el tendón de la corva. Parecía que el sueño había terminado. Sin embargo, no para Redmond. Llorando, se puso en pie otra vez, intentando terminar la carrera en una pierna. Su padre, que observaba desde las barreras, saltó a la pista para ayudarlo. En un principio, Derek trató de empujarlo sin darse cuenta de que era su padre, pero entonces, su padre le dijo: «Derek, soy yo». Puso los brazos de su hijo alrededor de sus propios hombros, y le dijo: «Terminaremos juntos». (Haga click aquí para ver la imagen: http://tinyurl.com/7eyqyzr).

Pero olvide las Olimpíadas. La inspiración llega a cualquier nivel. Por ejemplo, tome a Meghan Vogel, estudiante de penúltimo año de secundaria, quien la pasada primavera dio un ejemplo de altruismo que raras veces se ve en las competiciones, se puso detrás para que una competidora pudiera terminar antes. Esa competidora, Arden McMath, había colapsado en la pista, cerca del final de la carrera de 3.200 metros, cuando Vogel, ya en el último lugar de la carrera, llegó hasta ella. En vez de acelerar y pasarla, Vogel se detuvo y puso el brazo de McMath alrededor de sus hombros para ayudarla a terminar la carrera. Eso en sí ya habría sido toda una historia. Pero al llegar a la línea de llegada, Meghan Vogel hizo algo todavía más impresionante. Quitó de sus hombros el brazo de McMath y la puso delante suyo mientras cruzaban la meta. Ella permitió que Arden McMath terminara la carrera. (Haga click aquí para ver el artículo y el video: http://tinyurl.com/7jftshb).

Pablo tenía una o dos cosas que decir acerca de «correr la carrera». Como es la época de las Olimpíadas, tome Hebreos 12:1-4 y enfóquese en el pasaje durante las próximas semanas mientras mira cómo los maratonistas cojean al entrar al estadio; cuando los exhaustos nadadores llegan al podio de la piscina; mientras espera ansiosamente el disparo de ¡Ya! y observa a los corredores alzarse y salir corriendo de sus tacos de salida. Deje que esas imágenes lo ayuden a ver más claramente su vida como cristiano mientras corre su propia carrera y mientras reflexiona sobre la carrera que Jesús corrió por nuestro bien hace tantos años: «Por lo tanto, ya que estamos rodeados por una enorme multitud de testigos de la vida de fe, quitémonos todo peso que nos impida correr, especialmente el pecado que tan fácilmente nos hace tropezar. Y corramos con perseverancia la carrera que Dios nos ha puesto por delante. Esto lo hacemos al fijar la mirada en Jesús, el campeón que inicia y perfecciona nuestra fe. Debido al gozo que le esperaba, Jesús soportó la cruz, sin importarle la vergüenza que esta representaba. Ahora está sentado en el lugar de honor, junto al trono de Dios. Piensen en toda la hostilidad que soportó por parte de pecadores, así no se cansarán ni se darán por vencidos. Después de todo, ustedes aún no han dado su vida en la lucha contra el pecado» (NTV).

La imagen de Meghan Vogel sosteniendo a Arden McMath frente a ella mientras cruzaban la línea de llegada va en contra de todo razonamiento a la luz de un mundo competitivo ofrecido a nosotros por ESPN y Sports Illustrated. Pero debería ser un póster para todos nosotros en la carrera de nuestra vida.
Es posible que ella haya sido la última, pero es la primera en mis libros.
¡Mateo tenía una o dos cosas que decir sobre primeros y últimos!

Ron DeBoer es un educador y escritor que vive cerca de Toronto.

"De todo corazón recomiendo la Nueva Traducción Viviente porque transmite las ideas de la Biblia de una manera sencilla y clara."

Luis Palau

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