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Superstición encubierta
Jack Klumpenhower

Hagamos un juego. Le contaré de un hábito que tengo, que a primera vista parece una costumbre piadosa, y usted me dirá si es realmente una superstición encubierta.

Mi hábito es el siguiente: cuando comienzo un viaje largo o cuando alguien de mi familia va a tomar un avión, antes de que se vaya, hago una pequeña oración. Pido por seguridad. Sólo después de hacer esto, me siento bien.

Puedo darle razones importantes para considerar que mis pequeñas oraciones son un buen hábito. Oro porque me siento ansioso, ¿y no es bueno que mi instinto sea llevar las ansiedades ante Dios? Además, cualquier hábito que me lleve a orar no puede ser muy malo. El deseo de orar me viene raras veces, por lo que sería una lástima dejarlo pasar cuando llega.

Sin embargo, creo que existen tres maneras en las que detecto alguna superstición en estas oraciones:

Signo de superstición n.º 1: Temor


He llegado a un punto en que si no hago la oración de partida, tengo un temor molesto de que algo malo pueda suceder. Pienso que Dios se disgustará y permitirá que suceda alguna calamidad. Será mi culpa porque no oré. Ese es un pensamiento equivocado para un hijo de Dios que debe confiar en su Padre de gracia.

Cuando Jesús enseñó sobre necesidades mucho más esenciales, como comer, beber y vestirse, dijo que no nos preocupáramos: “Esas cosas dominan el pensamiento de los incrédulos, pero su Padre celestial ya conoce todas sus necesidades” (Mateo 6:32, NTV). La superstición se alimenta del temor. Pero la fe cristiana confía en que Dios me ama como a un hijo.

Signo de superstición n.º 2: Demostrar que valgo

Otra cosa que hago con estas oraciones es tratar de demostrarle a Dios que soy un buen creyente, digno de su protección de algún modo. Oré, ¿no es cierto? A Dios debería gustarle eso y recompensarme. Pero esta clase de intento de manipular a Dios mediante obras religiosas es mala para un pecador salvado por gracia.

La Biblia dice que Dios no me acepta porque me desempeñe a la altura de su estándar, sino por la fe en Jesús, que murió por mis faltas a pesar de estar a la altura de cualquier estándar: “Debido a nuestra fe, Cristo nos hizo entrar en este lugar de privilegio inmerecido en el cual ahora permanecemos” (Romanos 5:2, NTV). La superstición necesita que yo haga algo. Pero la fe cristiana me permite admitir mis faltas con honestidad y vivir libre de la necesidad de probar mi valía.

Signo de superstición n.º 3: Idolatría


Por último, ¿por qué oro antes de viajes largos pero no me molesto en orar en muchas otras ocasiones en la vida? Porque no puedo soportar la idea de perder mi familia o mi casa, que dejo atrás, y las cosas que hay en ella. Yo vivo por estas cosas. Son como ídolos. Amo más lo que Dios me da que a Dios mismo.

La Biblia dice del pueblo de Dios: “Que alaben al Señor por su gran amor y por las obras maravillosas que ha hecho a favor de ellos. Pues él satisface al sediento y al hambriento lo llena de cosas buenas” (Salmo 107:8-9, NTV). La superstición dice que debo hacer todo lo posible para conseguir lo que quiero. Pero la fe cristiana sólo quiere a Dios mismo y sabe que nada más me satisfará.

Ver a través de lo encubierto


Tal vez pensará que estoy analizando demasiado algo sin importancia. ¿No es que siempre tenemos motivos contradictorios? Sí, pero la manera en que me relaciono con Dios en las cosas pequeñas de la vida revela cómo afrontaré las cosas mayores cuando se presenten. ¿Tendré temor o confianza cuando me golpee una tragedia real? Cuando emprenda un gran proyecto en la iglesia, ¿trataré de demostrar que valgo o confiaré en Jesús? Cuando gane algún tesoro o cuando lo pierda, ¿le daré mi vida a ese ídolo o estaré satisfecho con mi Dios?

Los tres signos de superstición son una buena prueba para el corazón de un creyente. En todo lo que hago, debo estar en guardia contra el temor, contra el deseo de demostrar que valgo y contra la idolatría. Debo reconocerlos y luchar contra ellos. Con el Espíritu de Dios, debo enseñarme que, en Cristo, Dios me cuida, me acepta y sólo él puede satisfacerme.

Así que adelante, considere mi vida y dígame si ve mi superstición. Después, busque un amigo y confiésele sus propios hábitos, religiosos o no, y vea si puede encontrar alguno por usted mismo.

Jack Klumpenhower es escritor y consultor de comunicaciones, y vive en Colorado. Ha sido autor de lecciones de estudio bíblico y de una guía devocional para la familia.

"De todo corazón recomiendo la Nueva Traducción Viviente porque transmite las ideas de la Biblia de una manera sencilla y clara."

Luis Palau

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