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La imagen de Dios: Cómo ver lo invisible
Jack Klumpenhower
7/18/2012

Vamos, conteste rápido: ¿Se nos permite hacer y adorar imágenes de Dios?

Si conoce los Diez Mandamientos, contestará con un resonante «¡No!», y así debería ser. El mandamiento en contra de «imagen de ninguna cosa» (Éxodo 20:4, NTV) no solo está entre las primeras diez cosas de la lista de Dios, se repite en muchos otros lugares en la Biblia. Dios insiste que ninguna imagen visible puede hacerle justicia. Nunca, jamás, podremos hacer una imagen que pretenda ser de Dios, ni siquiera podremos pensar en Dios de esa manera. Moisés dijo muy claramente que Dios está más allá de una forma visible: «¡Pero tengan mucho cuidado! Ustedes no vieron una figura del Señor el día que les habló desde en medio del fuego, en el monte Sinaí. Así que no se corrompan haciendo ídolos de ninguna clase» (Deuteronomio 4:15-16, NTV).

Ahí está. No hay vuelta que darle. Si está tratando de conocer a Dios, la regla contra las imágenes podría dejarlo luchando por comprenderlo, pero ese es el punto, ¿no es verdad? Dios es tan maravilloso que es imposible hacer una imagen apropiada y exacta de él.

Y entonces llega Jesús.

Lo invisible es hecho visible

Colosenses 1:15 dice: «Cristo es la imagen visible del Dios invisible. Él ya existía antes de que las cosas fueran creadas y es supremo sobre toda la creación» (NTV).

Mencioné todos los mandamientos sobre imágenes primero porque, sin ese trasfondo, tendemos a leer cómo Jesús es la imagen de Dios y nos encogemos de hombros. Estamos acostumbrados a la idea de que Jesús es Dios. Aprendimos eso en la escuela dominical. Todos lo sabemos.
Pero esto debería sorprendernos de dos maneras:

En primer lugar, Jesús es la imagen del Dios sin pecado que nosotros no podemos ser. El comienzo de la Biblia nos dice: «Dios creó a los seres humanos a su propia imagen» (Génesis 1:27, NTV). Esa es una imagen de un tipo diferente al de una estatua para adoración, y no la semejanza exacta que es Jesús, pero aun así significa que una influencia similar a la de Dios cubrirá al mundo si vivimos como era su intención cuando fuimos creados. Así que todos fracasamos. Nuestro pecado mancha la imagen de Dios que tenemos dentro de nosotros. Jesús el hombre es el único representante humano que se comportó en este mundo con la belleza plena que corresponde a un portador de la imagen de Dios.

En segundo lugar, siendo Dios, Jesús nos permite conocer a Dios. Él dijo: «¡Los que me han visto a mí han visto al Padre!» (Juan 14:9, NTV). Después de todo, podemos comprender a Dios porque tenemos una Imagen. Dios no permite otras porque existe una, solo una Imagen que nos muestra perfecta y exactamente, cómo es Dios. Existe una Imagen muy maravillosa, no hecha por nosotros sino provista por Dios mismo.

Lo desconocido es hecho conocido

Aquí está lo que todo esto significa para mi vida: Para comenzar, necesito una fe constante en Jesús. El mismo pasaje que dice que él es la imagen de Dios también dice que él «compró nuestra libertad y perdonó nuestros pecados» (Colosenses 1:14, NTV). La única esperanza que tengo de ser portador de la imagen de Dios que él me creó para ser es si me uno a la Imagen, confiando en que él pagará por mi pecado y renovará mi alma.

Aún mejor, puedo conocer a Dios. Si él nos hubiera permitido una imagen visual de Jesús, digamos, un retrato pintado, muy fino, los historiadores se habrían lanzado sobre él con lentes de aumento y escáneres de luz infrarroja. Bueno, en la Biblia tenemos un retro de él que está lleno de detalles y de complejidades y es algo maravilloso. Debo observarlo con admiración y examinar cada pincelada. Debo ver sus mil perfecciones, sus majestades, su ritmo de vida y su ofrecimiento a morir, y encajarlos unos con otros para obtener un panorama de Dios.

Podría hacer esto siempre y nunca dejar de sentirme maravillado por él. Podría aprender más sobre Jesús durante toda la eternidad y siempre sentirme sorprendido por nuevas bellezas. En realidad, sospecho que así será.

Este artículo es parte de una serie acerca de los nombres de Jesús. El próximo: El Profeta.

Jack Klumpenhower es escritor y trabaja en un ministerio de niños en Colorado.

"De todo corazón recomiendo la Nueva Traducción Viviente porque transmite las ideas de la Biblia de una manera sencilla y clara."

Luis Palau

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