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El Sumo Sacerdote: Cuando lo mejor que puede hacer no es lo suficientemente bueno
Jack Klumpenhower
9/16/2012

Imagine la vida como si fuera un israelita del Antiguo Testamento. Estas son tres cosas que sabría sobre sí mismo y sobre Dios: (1) Dios le ha dado leyes para que obedezca; no solo un grupo de leyes para la vida diaria, sino también un código moral interno. (2) Usted peca regularmente contra esas leyes y merece juicio. (3) Necesita ayuda para arreglar las cosas con Dios, y eso es arriesgado.

Ese tercer punto siempre era delicado porque dependía de un sistema de sacrificios y sacerdotes. Dios estableció un buen sistema. Sin embargo, cualquier buen estudiante de teología sabía que matar a un animal como sacrificio por su pecado en realidad no era suficiente para satisfacer al Dios santo: «La persona que peque es la que morirá» (Ezequiel 18:20, NTV).

Y también tenía que tener en cuenta a los sacerdotes. Ellos sacrificaban las ofrendas en nombre de los fieles, representando a las personas ante Dios. Debido a esto, ellos habían sido apartados y eran santos.

De manera ideal, ser santo significaba que los sacerdotes vivían una vida moral dedicada a Dios. Pero eso nunca resultó tan bien como debería haber sido. Algunos sacerdotes eran corruptos. Otros ponían la política antes que sus responsabilidades del Templo. Quizás fue por esto que Dios eligió mostrar la santidad de los sacerdotes con la pureza externa. Ellos tenían que estar libres de manchas físicas. Solo podían casarse con vírgenes. Tenían que lavarse y usar ropa limpia para hacer su trabajo. Antes de que el sumo sacerdote llevara sangre al Lugar Santísimo del Templo una vez al año, tenía que refregarse de pies a cabeza. Era una solución superficial al problema de los sacerdotes pecadores, pero si usted era un israelita del Antiguo Testamento, era lo mejor que podía esperar.

Usted tenía que tener fe de que Dios estaba apuntando a algo mejor. Si solo esperaba que el sistema existente fuera lo suficientemente bueno, eso no lo iba a llevar lejos.

Y después llegó Jesús. Él es el verdadero sacrificio por el pecado. Es el hombre a quien apuntaban todos esos sacrificios del Antiguo Testamento. Su sangre pagó por todo el pecado de cualquiera de nosotros que creemos en él, porque es un hombre perfectamente inocente que tomó nuestro lugar.

Y ya que Jesús también ofreció el sacrificio, al entregarse a sí mismo a la muerte, también es nuestro sacerdote. La Biblia dice que él «ha sido hecho el perfecto Sumo Sacerdote para siempre» (Hebreos 7:28, NTV). Él está vivo en el cielo, representándonos ante Dios.

Estas son algunas de las cosas que dice la Biblia acerca de Jesús el Sumo Sacerdote:

  • «Pero dado que Jesús vive para siempre, su sacerdocio dura para siempre. Por eso puede salvar —una vez y para siempre— a los que vienen a Dios por medio de él, quien vive para siempre, a fin de interceder con Dios a favor de ellos» (Hebreos 7:24-25, NTV).
  • «Tenemos un sumo sacerdote quien se sentó en el lugar de honor, a la derecha del trono del Dios majestuoso en el cielo. Allí sirve como ministro en el tabernáculo del cielo, el verdadero lugar de adoración construido por el Señor y no por manos humanas» (Hebreos 8:1-2, NTV).
  • «Nuestro Sumo Sacerdote se ofreció a sí mismo a Dios como un solo sacrificio por los pecados, válido para siempre. . . . Pues mediante esa única ofrenda, él perfeccionó para siempre a los que está haciendo santos» (Hebreos 10:12, 14, NTV).

Examine estos versículos otra vez. Fíjese en el tipo de palabras usadas: para siempre, perfecto, verdadero, Santo. Estas son palabras que no dejan lugar a dudas. Son palabras de reafirmación. Son palabras [que hablan] de seguridad.
Jesús da lo que el sistema antiguo no podía dar. Nos da una salvación que es segura. En lugar de confiar en vírgenes y limpieza exterior, ponemos nuestra fe en un hombre del que sabemos con certeza absoluta que tiene la aprobación total de Dios. Nunca tenemos que dudar de si mantenerse a su lado es lo suficientemente bueno.

¿Y qué hay de su vida cristiana? ¿Tiende a hacer lo mejor que puede y espera que eso esté bien? ¿Se preocupa cuando se queda corto? ¿Se pregunta si sus soluciones superficiales son suficientes para cubrir sus fallas internas?
Solo hay un camino libre de dudas. Y ese es confiar sola, completa y desesperadamente en el único perfecto Sumo Sacerdote. Vuélvase a él una y otra vez diariamente. No hay nada ni nadie más seguro en todo el mundo.

Este artículo es parte de una serie sobre los nombres de Jesús. El próximo: Rey de reyes y Señor de señores.

Jack Klumpenhower es escritor y trabaja en un ministerio de niños, vive en Colorado.

"De todo corazón recomiendo la Nueva Traducción Viviente porque transmite las ideas de la Biblia de una manera sencilla y clara."

Luis Palau

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